Quiénes somos

El Seminario Nuestra Señora Corredentora es la casa de formación sacerdotal de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) para candidatos de habla hispana y portuguesa, establecida en Argentina en 1978.

La Iglesia no siempre ha formado sus sacerdotes exactamente de la misma manera. En tiempos de cristiandad, los clérigos recibían sus estudios filosóficos y teológicos en las universidades, en las que la teología era la ciencia superior, y luego buscaban algún obispo que aceptase ordenarlos e incardinarlos en su diócesis.

Fue el Concilio de Trento el que dio al seminario la forma actual de institución dedicada exclusivamente a la formación del clero. 

Formación sacerdotal

El propósito del Seminario Nuestra Señora Corredentora es formar sacerdotes santos conforme a la tradición de la Iglesia Romana, y eso en todos los aspectos: doctrina, liturgia, retiros, vida espiritual, horario diario, etc.

El fin de esa formación es convertir al sacerdote en otro Cristo: Sacerdos alter Christus. La vida de oración, los estudios, el trabajo, la recreación, se complementan mutuamente en el Seminario para que el seminarista logre identificarse con Cristo.

La filosofía y la teología de Santo Tomás de Aquino constituyen el núcleo del programa de seis años de estudios. 

Acercarse a Nuestro Señor Jesucristo

Los seminaristas están en el seminario para preparar su vida eterna y la vida eterna de las personas a las que serán enviados. Esta vida eterna consiste en conocer a Dios y al que Él envió, Nuestro Señor Jesucristo (Jn. XVII, 3).

Este es el motivo por el que Nuestro Señor Jesucristo es el objeto de todos los estudios y de todos sus esfuerzos en el seminario.

Durante estos años, los seminaristas tienen la gracia insigne de vivir bajo el mismo techo con Nuestro Señor Jesucristo y pueden, por consiguiente, acercarse a Él como lo hacían María y José, en el silencio, recogimiento y espíritu de oración que debe reinar en el seminario.

En sus oraciones, cantos litúrgicos y demás ceremonias, aprenden a conocerlo y amarlo cada vez más. También se acercan a Él mediante los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.

Pero si se acercan a Nuestro Señor Jesucristo, es para poderlo llevar después al mundo. Por naturaleza y por esencia, están llamados a convertirse en misioneros, ya que el sacerdote lleva al que es la luz de nuestras inteligencias, el calor de nuestros corazones y el motor de nuestras voluntades.

No sólo tiene que adquirir una ciencia y una fe profunda en Nuestro Señor Jesucristo – “única salvación del mundo” (Lc. II, 30), como proclamó el anciano Simeón–, sino que necesitan igualmente animar sus corazones mediante la caridad de Nuestro Señor Jesucristo.

Esta caridad se adquiere mediante esfuerzos constantes y una oración asidua dirigida a Nuestro Señor. Por este motivo, los seminaristas acuden de buena gana a la capilla para recogerse ante Nuestro Señor, y pedirle todas esas gracias y virtudes que son la expresión de la caridad."

Monseñor Marcel Lefebvre, La Santidad Sacerdotal, Libro 1, Parte 1ª, Capítulo 2