Prácticas de piedad

El Derecho Canónico prescribe a los clérigos ciertas prácticas de piedad que contribuyen a mantener viva la llama de la fe y de la piedad en el alma de aquellos que deben prender y conservar esa llama en los demás.

Santo Rosario

Una de las principales fórmulas de oración vocal, por constar de las oraciones más importantes (Padrenuestro, Avemaría, Gloria, Credo), es el Santo Rosario, que la Santísima Virgen María en persona entregó a Santo Domingo como arma para vencer la herejía albigense, y que después ha vuelto a pedirnos en sus principales apariciones, como Lourdes y Fátima.

Para el seminarista, el Rosario constituye su tercer momento de oración de la jornada, y lo ofrece por la intención particular de los amigos y bienhechores del Seminario.

Visita al Santísimo Sacramento

Dedicados así a la Santa Misa, como la misma Fraternidad San Pío X, los Seminaristas deben adquirir un gran amor y veneración a Jesús Sacramentado. Por eso, se hacen periódicamente en el Seminario exposiciones y adoraciones del Santísimo Sacramento, y los seminaristas se acostumbran igualmente a la visita diaria al Santísimo en la capilla:                                                                                               

La caridad se adquiere mediante esfuerzos constantes y una oración asidua dirigida a Nuestro Señor. Por este motivo, los seminaristas acuden de buena gana a la capilla para recogerse ante Nuestro Señor, y pedirle todas esas gracias y virtudes que son la expresión de la caridad."

Mons. Lefebvre, La Santidad Sacerdotal, Libro 1, Parte 1ª, Capítulo 2

Lectura espiritual

San Jerónimo le insistía a Nepociano, cuando le hablaba de la vida sacerdotal: 'Nunca caigan de tus manos los libros sagrados', y le daba la siguiente razón: 'Aprende lo que debes enseñar; asimila la palabra fiel, que está en armonía con la verdad, para que puedas exhortar con doctrina sana y refutar a quienes enseñan lo contrario'.

Es enorme el provecho que obtienen los sacerdotes que hacen esto diariamente y con constancia. Su predicación tiene el buen sabor de Cristo, estimulan hacia la perfección, despiertan los deseos del cielo en las almas de quienes los escuchan, sin hastiarlos ni encanecerlos.

Los libros piadosos nos hacen recordar la seriedad de nuestros deberes y las normas de la disciplina legítima; despiertan en nuestros corazones las voces celestiales adormecidas; nos echan en cara el abandono de nuestros buenos propósitos; sacuden nuestra falsa tranquilidad; desenmascaran los afectos menos rectos y disimulados; nos descubren los peligros que con frecuencia nos acechan si no estamos alerta."

San Pío X, Extractos de la Encíclica Haerent Animo

Examen diario de conciencia y confesión semanal

El seminarista obtiene más provecho tanto de sus lecturas como de la meditación si busca el modo de controlar hasta qué punto se preocupa por llevar a la práctica lo que ha leído y lo que ha meditado. Para esto hay un medio excelente, que San Juan Crisóstomo recomienda de manera especial a los sacerdotes:                                                                                                                                                    

Todas las noches, antes de entregarte al sueño, llama a juicio a tu conciencia, pídele cuenta muy exigente de las decisiones malas que hayas tomado durante el día…, arráncalas, destrózalas y castígate por ellas”.

Esto es el examen de conciencia, que purifica cada día el alma para que siempre progrese en su vida de unión con el Divino Maestro.

Además de eso, los seminaristas reciben semanalmente el sacramento de la Penitencia, el remedio divino para vencer el pecado, curar las debilidades del alma y progresar en la vida espiritual. Cuentan igualmente con la dirección espiritual, por medio de la cual la prudencia de los sacerdotes los ayuda a avanzar diligente y sabiamente por las sendas de la perfección cristiana.

Retiros espirituales

Otro medio para crecer en gracia y buscar la constante enmienda de vida son los ejercicios espirituales, también conocidos como retiros, que los seminaristas realizan frecuentemente: un retiro de San Ignacio de 30 días una vez durante la formación en el Seminario, un retiro anual de cinco días y un retiro mensual los primeros sábados de mes.

En los cinco días del retiro de inicio de año, el joven alma del seminarista hace santos propósitos para los meses siguientes, y los va repasando y afianzando en cada retiro mensual. Obrando con esta diligencia y prudencia pone en práctica aquellas palabras de Nuestro Señor: “Sed astutos como la serpiente y simples como la paloma” (Mt. 10,16).