La elección de estado

San Alfonso María de Ligorio, escribiendo a sus hijos redentoristas sobre la vocación, nos da muchos preciosos consejos. Enseña la importancia de escoger con seriedad el estado de vida y la diligencia que se debe tener para conservar la vocación hasta que se pueda probarla en una casa religiosa.

Importancia de la elección de estado

Está fuera de duda que nuestra eterna salvación depende principalmente de la elección de estado. Así como descompuesta la rueda maestra de un reloj, queda todo él desconcertado, así también, respecto de nuestra salvación, si erramos en la elección de estado, “toda nuestra vida”, dice San Gregorio Nacianceno, “andará desarreglada y descompuesta”.

Por consiguiente, si queremos salvarnos, menester es que, al tratar de elegir estado, sigamos las inspiraciones de Dios, porque solamente en aquel estado a que nos llama, recibiremos los necesarios auxilios para alcanzar la salvación eterna. Ya lo dijo San Cipriano: “La virtud y gracia del Espíritu Santo se comunica a nuestras almas, no conforme a nuestro capricho, sino según las disposiciones de su adorable Providencia”.

El que trastorne este orden y rompa esta cadena de salvación, se perderá. Trabajará mucho y se fatigará, pero en medio de sus fatigas y trabajos estará siempre oyendo aquella voz de San Agustín: “Corres bien, pero fuera de camino”.

El llamamiento de Dios a vida más perfecta es una de las gracias mayores y más señaladas que puede conceder a un alma, y por eso, con sobrada razón, se indigna contra el que las menosprecia. “¡Desdichado aquel que contraría los planes de su Hacedor!” (Is. 30, 1). ¡A cuantos desventurados jóvenes veremos condenados en el día del juicio por no haber obedecido al divino llamamiento!

Las luces que el Señor nos comunica son pasajeras y no permanentes; por esto nos aconseja Santo Tomás que respondamos sin tardanza, diciendo que cuando el demonio es impotente para hacer abandonar a uno la resolución de consagrarse a Dios, se esfuerza por estorbarle que la lleve luego a práctica, seguro de sacar no poco provecho cuando consigue que se prolongue la estancia en el mundo un solo día y hasta una sola hora.

San Alfonso María de Ligorio, Extractos de "La Vocación Religiosa"


Medios para conservar la vocación en el mundo

El que desea obedecer fielmente a la voz de Dios debe determinarse, no solo a seguirla, sino a seguirla sin demora y cuanto antes, si no quiere exponerse a grave riesgo de perder la vocación. Y si por circunstancias especiales se viere forzado a esperar, se esmerará por conservarla como la joya más preciosa que le hubieran confiado.

Tres son los medios más principales para custodiar la vocación: secreto, oración y recogimiento.

1º El secreto

Ordinariamente hablando, debemos guardar secreto sobre nuestra vocación, porque de ordinario las gentes del siglo no tienen escrúpulo ni reparo de insinuar a los jóvenes llamados al estado religioso que en todas partes, aun en medio del mundo, se puede servir a Dios.

Es cierto que podemos servir a Dios en todas partes; pero esto se ha de entender de los que no son llamados a la vida religiosa, y no de aquellos que se sienten con vocación de Dios y se quedan en el mundo para satisfacer sus caprichos. Estos con gran trabajo, como queda dicho, llevaran vida arreglada y servirán a Dios.

2º La oración

En segundo lugar, hay que tener muy presente que la vocación religiosa solo se conserva con la oración: el que abandona la oración, ciertamente la perderá. Hay que rezar, y rezar mucho.

Medite ordinariamente las verdades que se relacionan con la vocación, considerando cuán grande es el favor divino que el Señor le ha dispensado, cuán bien asegura su salvación eterna si corresponde a él, y, por el contrario, si es infiel, cuánto se expone a condenarse eternamente

También es necesario que todas las oraciones que se dirijan a Jesús y a María, especialmente en la visita al Santísimo y después de la comunión, vayan dirigidas a alcanzar la perseverancia, diciéndole: “Aquí me tenéis, Señor, ya no soy mío, sino totalmente vuestro. Yo me he dado a Vos enteramente, ahora vuelvo a renovar mi donación y entrega. Aceptadla, Señor, y dadme la fuerza necesaria para seros fiel y entrar cuanto antes en vuestra santa casa”.

3º El recogimiento

En tercer lugar, es necesario guardar recogimiento, el cual no se podrá conseguir sin evitar el trato y la conversación con el mundo. Una nonada basta para perder la vocación, viviendo en el siglo. Bastará un día de diversión desordenada, la burla de un amigo, una pasión poco domada, una aficioncilla, un temor vano, una tentación de desaliento, todo esto será harto suficiente para dar al través con todas las resoluciones de consagrarse a Dios.

Por todo esto se comprenderá cuán importante es guardar recogimiento, desprendiéndose de todas las cosas que saben a mundo. ¡Cuántos hay que por no cultivar este recogimiento perdieron la vocación y finalmente el alma!

San Alfonso María de Ligorio, Extractos de "La Vocación Religiosa"