Preguntas más frecuentes (FAQ)

La espiritualidad de la Fraternidad San Pío X se centra en la Misa, en todo lo que se refiere a la misa y sólo en lo que se refiere a la misa. En consecuencia, se centra en lo que es lo más importante, porque la Misa es el centro del culto y de la vida católica.

Por otra parte, la espiritualidad de la Fraternidad no puede entenderse en abstracción de la actual crisis de la Iglesia, que es en líneas generales un ataque generalizado a la doctrina católica definida por el Concilio de Trento. La Fraternidad es necesariamente militante y este combate por la fe y el esfuerzo continuo para vivir la fe en su totalidad son inseparables de la espiritualidad de la Fraternidad San Pío X.

La espiritualidad de la Fraternidad es, por lo tanto, profundamente sobrenatural y es la única respuesta real al abandono generalizado de la verdadera noción del sacerdocio católico, que está en la raíz de la actual crisis.

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Hay una pregunta abrumadoramente importante que anula todos los demás. Ella es: ¿Tengo de verdad, por mi propia voluntad y por ningún otro motivo que el amor de Dios, voluntad de consagrarme a su servicio, con todos los sacrificios que eso conlleva? Desde el punto de vista individual, una vocación depende esencialmente de esta pregunta, examinando las propias intenciones para ver si son puras. El resto depende del criterio objetivo de los superiores.

Otras preguntas, secundarias, serán dadas con más oportunidad por su confesor o director espiritual: por ejemplo, si sabe cómo orar y meditar, si tiene amor a la Misa y a las cosas espirituales, si tiene la capacidad para estudiar, para servir a otros con paciencia, para controlar sus pasiones, etc. Nadie puede responder a estas preguntas por sí mismo, por lo que todo el mundo tiene que hablar con un sacerdote de confianza o un director espiritual para asegurarse de que tiene todos los requisitos necesarios, junto con la buena intención.

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Usted no lo sabe. Todo lo que un joven puede hacer es rezar por su vocación, tratar de hacer todo lo que pueda para seguir una vida interior regular y seguir los consejos de un director espiritual de confianza.

Por sí mismo, una persona sólo puede saber que tiene buenas disposiciones para seguir una formación sacerdotal. Pero no es de ninguna manera juez sobre si tiene las aptitudes necesarias, a saber, la virtud, deseo de la perfección, capacidad intelectual, capacidad de trabajo y de estudio, habilidades de liderazgo, equilibrio psicológico y espiritual, etc. Sólo sus superiores pueden juzgar a todas estas preguntas.

En consecuencia, en el seguimiento de un llamado a una vocación, es crucial que el joven se encomiende a una congregación o a un obispo en que confíe, y que esté dispuesto a aceptar su juicio sobre si tiene o no una vocación.

La única manera de saber con certeza que uno es llamado al sacerdocio, es escuchar la voz del obispo diciendo su nombre en la ceremonia de ordenación sacerdotal. Un joven no debería querer excesivamente saber si está llamado al sacerdocio, sino más bien si tiene la generosidad necesaria para llevar a cabo todo lo que Dios pide de él.

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La Fraternidad tiene su propia congregación de hermanas, que tiene su noviciado de Argentina en Pilar, Buenos Aires.

Por favor, póngase en contacto con el Distrito para más información.

Hay muchas órdenes religiosas tradicionales para hombres y mujeres: benedictinos, franciscanos capuchinos y dominicos para los hombres, y carmelitas, benedictinas, franciscanas y dominicas para las mujeres, por nombrar sólo algunas.

Por favor, póngase en contacto con el Distrito para más información.

Los límites de edad prescritos por los estatutos de la Fraternidad son de 18 a 35 años. Rara vez se concede dispensa.

El Superior General de la Fraternidad San Pío X decide dónde enviar cada sacerdote de la Fraternidad, nombrándoles para prioratos o escuelas en cualquier de los 60 países de los cinco continentes donde está la congregación.

Saber latín antes de entrar en el Seminario es muy útil. Sin embargo, hay clases de estudio de la lengua para los seminaristas que carecen de conocimiento o fluidez.

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Se incita los seminaristas a hacer el ejercicio físico que necesitan, y por consiguiente jugar al fútbol, voleibol, básquet u otros deportes durante las recreaciones de la tarde de los miércoles y domingos. Estas recreaciones son obligatorias y todos los seminaristas deben salir del edificio del Seminario durante este tiempo.

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Una vez que los seminaristas reciben la sotana, a mediados del primer año, están obligados a llevarla, como un signo de que han elegido a Dios como su parte y herencia, y que desean morir al mundo y que Dios pueda usarlos para su mayor honra y gloria por la salvación de las almas.

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El silencio debe ser mantenido en el seminario siempre, excepto en las recreaciones. Las conversaciones fuera de las recreaciones solo se permiten para cosas urgentes y son hechas en tono de voz bajo. En el gran Silencio, entre completas y el desayuno del día siguiente, está estrictamente prohibido hablar.

Es una cuestión de recogimiento. El objetivo principal del Seminario es transformar a los Seminaristas en hombres de Dios y esto sólo es posible si se mantiene un espíritu constante de oración. El silencio es una prueba de ello, porque un seminarista que no ama al silencio no tiene el recogimiento que debería. Los seminaristas recogidos consideran el silencio como la salvaguarda de la vida interior y de su vida intelectual.

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La liturgia es celebrada en latín, la lengua tradicional de la Iglesia Romana, según el Rito Tradicional codificado por San Pío V en la Bula Quo Primum Tempore, en 1570, después del Concilio de Trento.

La Misa de San Pío V o Tridentina es la misa en latín que se celebraba en toda la Iglesia Católica de Rito Romano antes del Concilio Vaticano II (1962-1965). Es la misa que ha nutrido la piedad de innumerables santos a lo largo de los siglos. A pesar de codificada en el siglo XVI, es esencialmente la misma liturgia romana de San Gregorio Magno que tiene profundas raíces en las tradiciones apostólicas.

El Oficio Divino también es recitado en latín.

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El Oficio Divino, llamado por San Benito de Opus Dei (obra de Dios, en latín), son las distintas oraciones cotidianas de la Iglesia por las cuales se presta honor y alabanza a la Santísima Trinidad.

También se conoce como Breviario, porque éste es el nombre del libro que contiene las oraciones del Oficio Divino. Están obligados a recitarlo todos los días los subdiáconos, diáconos y sacerdotes.

Los estatutos de la Fraternidad prescriben el rezo común en todas sus casas de los oficios de prima, sexta y completas. En el Seminario, el oficio de Prima se recita en recto tono a las 6:30 de la mañana, (u Oficio de Laudes los domingos y fiestas de precepto), Sexta a las 12:15 y Completas a las 20:45.

De acuerdo a los estatutos de la Fraternidad San Pío X, ninguno de sus sacerdotes puede celebrar la misa según el rito reformado por el papa Pablo VI. Los seminaristas son prohibidos, bajo cualquier condición, de asistir a este nuevo rito.

La razón es que la Nueva Misa no expresa adecuadamente la fe católica, estando profundamente influida por la teología protestante, como se señala en la Intervención del Cardenal Ottaviani. Es destructiva a la Fe, es mala y es incompatible con una verdadera formación sacerdotal.

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Usted no recibirá una formación en el Novus Ordo. En lugar de eso, recibirá un puñado de diferentes elementos o verdades tomadas de aquí y de allá, lado a lado con errores monumentales. Todos los estudios se basan en la forma de filosofía o teología comparada, como si no hubiera una única verdad.

Los seminarios de la Fraternidad San Pío X dan una verdadera formación, o sea, una instrucción consistente sobre la fe y las virtudes necesarias para una vida católica. Esta formación permite que las verdaderas virtudes se formen en el alma, tanto intelectual como moralmente.

Seminaristas con buenas intenciones que entran en el sistema modernista tienen que ser autodidactas. Ellos no son instruidos en la espiritualidad y en la vida del sacerdocio. Podrán tal vez encontrar algunos elementos en los libros, pero no la grandeza de la vocación y de la vida sacerdotal. El hombre necesita todo el apoyo y ayuda posibles para convertirse en un digno sacerdote.

El que intenta pasar por el sistema eventualmente puede llegar a comprometer sus principios o su fe, simplemente como una manera de salir adelante. Por otra parte, él no profesa abiertamente la totalidad de la Fe, nuestra primera obligación en virtud del Primer Mandamiento. Se ve obligado a ocultarse y no declarar sus verdaderas convicciones. Él está viviendo una mentira y obra como un hipócrita simplemente para conseguir ser ordenado. Dios no bendecirá esta falta de honestidad y de sencillez, y los que hacen esto finalmente caerán en las trampas del compromiso con el mundo.

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