Año de Humanidades

La Comunidad del Seminario incorpora un Año de Humanidades, iniciado por Monseñor Richard Williamson en 2005, siguiendo a la exitosa experiencia hecha en el Seminario Santo Tomás de Aquino, en el Distrito de los Estados Unidos.

Reflexionar sobre la vocación

Este año tiene una finalidad bien determinada: permitir a los jóvenes que consideran la posibilidad de la vocación sacerdotal o religiosa, pensar sobre este punto con el tiempo, silencio y seriedad requeridos.

En este sentido, el Año de Humanidades se presenta como la solución a una necesidad moderna. En efecto, la experiencia muestra que una de las fallas de la juventud de hoy es el temor a asumir compromisos, sobre todo cuando implican responsabilidades importantes o definitivas, como en los casos del sacerdocio y del matrimonio.

La cosa cambia si el joven puede contar con un año de vida en un entorno sacerdotal o religioso, con la disciplina propia de una vida consagrada, con el contacto con la oración y la liturgia, pero sintiéndose por el momento libre de asumir ningún compromiso.

Durante ese año, viviendo como un seminarista o un religioso, el joven podrá ver por sí mismo si reúne las aptitudes para responder a un posible llamado de Dios, y se verá en condiciones, al final de dicho año, de tomar una decisión.

Formación del juicio

¿Qué beneficio puede sacar el joven que ingresa en el Año de Humanidades?

Desde el punto de vista intelectual, en el transcurso de dicho año, se le imparten clases de latín, historia, arte, doctrina, lengua y literatura, en resumen una cierta formación humanística, que apunta a suplir las notables fallas del sistema educacional moderno.

Su finalidad es la de permitir al joven humanista formarse un juicio correcto del mundo moderno, y disciplinar sus facultades en orden a un estudio serio y metódico, en caso de que decida luego ingresar en el Seminario.

Si tenemos en cuenta la estructura de las escuelas de hoy, todo apunta a formar el homo faber, esto es, el hombre capaz de producir en todos los rubros, por no decir el hombre tecnológico, cuya vida se centre en la informática y la computadora. Pero todo ello se hace en detrimento del desarrollo del raciocinio especulativo, induciendo a la sumisión propia de la cultura de masas.

Por ello es necesario reaccionar formando de nuevo el homo sapiens, el hombre deseoso de saber, hombre de principios que, basado en la recta norma de la prudencia y de la fe y respaldado por los principios inmutables de la sabiduría de los antiguos, sepa dirigir una mirada atenta al pasado y a la naturaleza humana en sí misma y formular un juicio crítico de la realidad actual.

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Formación en la vida interior

Pero esos beneficios son aún poca cosa si consideramos el más importante de todos ellos, que reside en el hecho de que esos jóvenes viven durante un año entero en un Seminario de la Fraternidad San Pio X, la congregación creada por Dios para conservar la Tradición de su Iglesia.

En ese lugar, tienen el envidiable tesoro de una vida litúrgica cotidiana y profunda, basada en las más antiguas y venerables costumbres de la Iglesia, con la misa diaria y la celebración solemne de los principales misterios de nuestra Redención. Aprovechan también de la confesión semanal, aprenden a hacer la meditación, se acostumbran al rezo diario del Santo Rosario, construyendo así una vida espiritual sólida y verdadera si cooperan con las numerosísimas gracias que Dios les concede durante estos meses.

Para los jóvenes que opten por entrar en el Seminario, esta formación y vida espiritual les permitirá estar en contacto tanto con Dios como con el mundo real.

Y para los que decidan volver al siglo, regresarán a él con una sólida formación que los ayudará a superar las perversiones del mundo actual, después de haberles permitido adquirir valiosísimas amistades, que serán un tesoro inestimable para todas sus vidas.