Un día en el seminario

"Al Señor le gusta mucho el alma disciplinada, pues solo en ella trabaja cuando la ve desembarazada y totalmente perdida en él." (Santa Teresa de Jesús)

En la disciplina de vida dictada por el Reglamento, un día típico del seminarista incluye tres horas de oración, cuatro horas de clases, tres horas de estudio, y una hora y media de recreación. La finalidad es la formación de un sacerdote que tenga las virtudes sobrenaturales y naturales necesarias para su ministerio a la par que una ciencia suficiente.

La gestión del tiempo es una habilidad esencial para un sacerdote. Un día, estos jóvenes seminaristas deberán ser capaces de celebrar la misa, rezar el breviario, confesar, aconsejar a la gente y cumplir con todas las otras responsabilidades de un priorato en unas pocas horas en las mañanas de cada domingo. Y el bienestar eterno de muchas almas dependerá de lo bien que lo hagan.

Para acostumbrarse a esa disciplina de vida esencial para todo sacerdote, desde los primeros años los seminaristas tiene un horario bien definido para sus actividades durante el día, y que suele dividirse de la siguiente manera:

6:00 Despertar
6:30 Oficio de Prima, seguido de la meditación
7:15 Santa Misa
8:00 Desayuno, seguido de tiempo de estudio
9:00 Inicio de clases
12:00 Fin de clases
12:15 Oficio de Sexta
12:30 Almuerzo
13:00 Recreación
14:00 Fin de la recreación
14:30 Inicio de clases
16:00 Merienda, seguida de tiempo de estudio
18:00 Clase de canto
18:30 Conferencia espiritual
19:00 Santo Rosario
19:30 Cena
20:00 Recreación
20:45 Oficio de Completas, seguido del silencio mayor
22:00 Acostarse

Ese es el horario común durante la semana. Los principales cambios son:

  • La mañana del sábado se dedica al estudio individual, mientras que en la tarde hay trabajos.
  • La mañana del domingo se dedica al estudio o a la oración en el tiempo previo a la Misa Solemne de 10:00.
  • En la tarde de los miércoles y domingos están los momentos de deporte, entre las 14:00 y 16:00.

Como se puede ver, en el seminario hay un intervalo de tiempo para cada cosa durante todo el día, y sólo el tiempo justo para cada una. Ningún seminarista permanece inactivo por mucho tiempo. El joven debe pasar de la contemplación al trabajo, del trabajo al estudio, y antes de que se haya dado cuenta, habrá terminado un día más en el servicio de Dios. 

A medida que avanza en el seminario, y se acostumbra a administrar su tiempo, su carga de trabajo aumenta. Y así adquiere la disciplina que le ayudará durante toda su vida.