La oración mental

A pedidos del papa Eugenio III, su ex-discípulo, San Bernardo le escribió una inspirada carta en la que da consejos para el gobierno del nuevo pontífice, y entra otras cosas resalta la importancia de la meditación diaria.

 

Si toda tu vida y todo tu saber lo dedicas a las actividades y no reservas nada para la meditación ¿podría felicitarte? Creo que no podrá hacerlo nadie que haya escuchado lo que dice Salomón: “el que modera su actividad se hará sabio”. Porque incluso las mismas ocupaciones saldrán ganando si van acompañadas de un tiempo dedicado a la meditación.

Ante todo ella purifica la mente, que es la fuente de donde procede. Regula los afectos, dirige los actos, corrige los excesos, rectifica las costumbres, hace la vida honesta y ordenada; en fin, confiere tanto la ciencia de las cosas divinas como la de las cosas humanas.

La meditación aclara lo que está confuso, reaprieta lo que se ha relajado, concentra lo que está esparcido, escudriña lo que está oculto; instiga la verdad, examina lo que es verosímil y explora las apariencias.

Ella es la que planifica lo que debe hacerse y reflexiona sobre lo hecho, y así la mente corrige los errores pasados y previene los errores futuros. Ella es la que en la prosperidad hace presentir lo adverso, y en la adversidad sabe quedar como insensible; dos bienes, este es propio de la fortaleza, aquel de la prudencia.

San Bernardo de Claraval. Extractos de la Carta a Eugenio III