Monseñor Lefebvre sobre el Papado

¿Tene­mos realmente a un Papa o a un intruso en la Sede de Pedro? ¡Dichosos los que han vivido y muerto antes de hacerse esa pregunta! Hay que reconocer que el Papa Pablo VI ha causado un serio problema a la conciencia de los católicos.

Destrucción de la Iglesia

Sin querer indagar ni conocer su culpabilidad en la terrible demolición de la Iglesia durante su Pontificado, no se puede dejar de reconocer que aceleró las causas en todos los órdenes. Uno se pregunta: ¿Cómo un sucesor de Pedro ha podido en tan poco tiempo causar más males a la Iglesia que la revolución francesa?

Hechos precisos como las firmas estampadas en el artículo 7 de la Instrucción concerniente al Novus Ordo Missae, como también en el documento sobre la “Libertad Religiosa”, son escandalosas y dan pie a que algunos afirmen que ese Papa era hereje, y que por su herejía dejó de ser Papa.

La consecuencia de este hecho sería que la mayoría de los cardenales actuales no habrían sido nombrados válidamente, y además serían inhábiles para la elección de otro Papa. Los Papas Juan Pablo I y Juan Pablo II no habrían sido entonces elegidos legítimamente. En ese caso sería inadmisible rezar por un Papa que no lo es, y conversar con quien no tiene ningún título para sentarse en la Sede de Pedro. Como ante el problema de la invalidez de la nueva Misa, quienes afirman que no hay Papa simplifican demasiado los problemas. La realidad es más compleja.

¿Qué dicen los teólogos?

Si uno se plantea si un Papa puede ser hereje, se descubre que el problema no es tan simple como se cree. Sobre este tema, el estudio muy objetivo hecho por Xavier da Silveira muestra que un buen número de teólogos piensa que el Papa puede ser hereje como doctor privado, pero no como doctor de la Iglesia universal. Es necesario, pues, examinar en qué medida el Papa Pablo VI quiso empeñar su infalibilidad en los diversos casos en que firmó textos que, si no son heréticos, son al menos rayanos en la herejía.

Ahora bien, en estos dos casos, como en otros muchos, hemos podido observar que el Papa Pablo VI actuó más bien como liberal que adhiriéndose a la herejía, ya que, cuando se le señalaba el peligro que corría, entregaba un texto contradictorio, agregando una fórmula contraria a lo que él afirmaba en la anterior, o redactando una fórmula equívoca, lo cual es propio del liberal, que es incoherente por naturaleza.

El liberalismo de Pablo VI, reconocido por su amigo el cardenal Daniélou, basta para explicar los desastres de su Pontificado. El Papa Pío IX, particularmente, habló mucho sobre el católico liberal, a quien consideraba como destructor de la Iglesia. El católico liberal es una persona de doble faz, en continua contradicción. Quiere seguir siendo católico y al mismo tiempo tiene el afán de agradar al mundo. Afirma su fe con miedo de parecer demasiado dogmático, y actúa de hecho como los enemigos de la fe católica.

Un Papa, ¿puede ser liberal y seguir siendo Papa? La Iglesia siempre amonestó severamente a los católicos liberales, pero no los excomulgó a todos. También en esto debemos seguir el espíritu de la Iglesia. Hemos de rechazar el liberalismo, venga de donde venga, porque la Iglesia siempre lo ha condenado con severidad, por ser contrario al Reinado de Nuestro Señor, y en particular a su Reinado Social.

El alejamiento de los cardenales de más de 80 años, y los conventículos que prepararon los dos últimos Cónclaves, no hacen inválida la elección de esos Papas. Podrían, sí, hacerla eventualmente dudosa; inválida, sería mucho afirmar. De todos modos, la aceptación unánime de los cardenales y del clero romano, posterior a la elección, basta para convalidar la elección. Esta es la opinión de los teólogos.

La Visibilidad de la Iglesia

La cuestión de la visibilidad de la Iglesia es demasiado necesaria para su existencia, para que Dios pueda omitirla durante décadas.

El argumento de los que afirman la inexistencia del Papa pone a la Iglesia en una situación confusa. ¿Quién nos dirá dónde está el futuro Papa? ¿Cómo podría ser designado un Papa donde ya no hay cardenales? Este espíritu es un espíritu cismático, al menos para la mayoría de fieles que se afiliarán a sectas verdaderamente cismáticas, como la del Palmar de Troya o la de la Iglesia Latina de Toulouse.

Nuestra Fraternidad rechaza absolutamente compartir estos razonamientos. Queremos permanecer aferrados a Roma, al sucesor de Pedro, pero rechazamos su liberalismo por fidelidad a sus predecesores. No tenemos miedo de decirlo respetuosa pero firmemente, como San Pablo frente a San Pedro. Por eso, lejos de negarnos a rezar por el Papa, multiplicamos nuestras oraciones por él y rogamos para que el Espíritu Santo lo ilumine y fortalezca en el sostén y defensa de la fe. Por eso jamás me he negado a ir a Roma cuando me ha llamado, él o sus representantes. La Verdad debe afianzarse en Roma más que en cualquier otro lugar. Pertenece a Dios, que la hará triunfar. Por consiguiente, no se puede tolerar que los miembros, Sacerdotes, Hermanos, Hermanas u Oblatas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, se nieguen a rezar por el Papa y afirmen que todas las Misas del Novus Ordo Missae son inválidas.

Ciertamente sufrimos por esta incoherencia continua, que consiste en elogiar todas las orientaciones liberales del Vaticano II y al mismo tiempo tratar de atenuar sus efectos. Mas esto nos debe incitar a rogar y a mantener firmemente la Tradición, pero no por eso afirmar que el Papa no es Papa.

Para terminar, debemos tener el espíritu misionero, que es el verdadero espíritu de la Iglesia, hacer todo lo posible por el Reino de Nuestro Señor Jesucristo, según la divisa de nuestro Santo Patrono San Pío X: “Instaurare omnia in Christo”, restaurarlo todo en Cristo, y sufrir como Nuestro Señor en su Pasión por la salvación de las almas, por el triunfo de la Verdad.

“In hoc natus sum”, dijo Nuestro Señor a Pilatos, “ut testimonium perhibeam veritati” (“Yo he nacido para dar testimonio de la Verdad”).

† Marcel Lefebvre, Arzobispo
8 de noviembre de 1979