Seminario Nuestra Señora Corredentora
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Entrevista del Superior General de la Fraternidad San Pío X con Angelus Press

Fuente: FSSPX Actualidad

Este video está en inglés.

El Padre Davide Pagliarani visitó Estados Unidos por primera vez desde su elección como Superior General de la Fraternidad San Pío X. Aunque sólo estuvo disponible para entrevistas durante la Reunión de Priores en Winona, y reuniones adicionales en el Seminario de Santo Tomás de Aquino, Angelus Press pudo hacerle algunas preguntas para su primera entrevista en inglés.

Nuestra oportunidad y misión, nuestro deber, es conservar el tesoro que tenemos: nuestra fe, la Santa Misa, como un tesoro vivo.

El Padre Davide Pagliarani visitó Estados Unidos por primera vez desde su elección como Superior General de la Fraternidad San Pío X. Aunque sólo estuvo disponible para entrevistas durante la Reunión de Priores en Winona, y reuniones adicionales en el Seminario de Santo Tomás de Aquino, Angelus Press pudo hacerle algunas preguntas para su primera entrevista en inglés.

The Angelus: De no ser por su elección como Superior General, usted es relativamente desconocido en el mundo de habla inglesa. ¿Podría presentarse?

Padre Davide Pagliarani: En realidad, creo que esto no es solo un problema de los países de habla inglesa. Por ejemplo, hace unas semanas en París, un sacerdote me preguntó mi nombre. Siempre es un poco embarazoso presentarse como el Superior General, así que me sentí un poco incómodo, pero él se sintió igual. Sí, pasé la mayor parte de mi tiempo como sacerdote en Italia o en el Lejano Oriente, en Singapur tres años, y recientemente en el extremo sur, en Argentina casi siete años, hasta julio del año pasado.

P: Usted es el cuarto Superior General de la Fraternidad San Pío X. ¿Cuáles son los desafíos y oportunidades para la Tradición en 2019?

DP: Creo que nuestra oportunidad y misión, nuestro deber, es conservar el tesoro que tenemos, apreciarlo como merece: nuestra fe, la Santa Misa. Creo que es importante que este tesoro sea para nosotros un tesoro vivo, como el agua viva de la samaritana. Esto es muy importante. Necesitamos apreciar cada vez más este tesoro con una vida de oración y una vida llena de fervor, fervor espiritual. Sí. Tal vez tengamos que reavivar la llama de vez en cuando, y este año puede ser una oportunidad para hacerlo - nos estamos preparando para el Jubileo de la Fraternidad [San Pío X] -, para reavivar en nuestra vida espiritual este apego, este profundo apego, a este tesoro.

P: Han pasado apenas seis meses desde su elección. ¿Ha estado viajado mucho?

DP: Sí, aunque en realidad no estoy viajando tanto porque es un deseo del Capítulo, de todos los Superiores, que el Superior General permanezca en la Casa General tanto tiempo como sea posible para poder estar siempre disponible para las diferentes necesidades de la Fraternidad, y accesible a los diferentes sacerdotes o Superiores que deseen hablar con él. Mi deber es un deber de fidelidad al espíritu del Fundador: Monseñor Lefebvre. Mi primer deber es esforzarme al máximo para conservar (incluso si la situación es muy diferente) el espíritu y las enseñanzas que el Fundador confió a la Fraternidad.

P: ¿Hay signos de crecimiento que pueda compartir con nosotros? Por ejemplo: ¿nuevos prioratos o misiones en la Fraternidad?

DP : ¡Actualmente hay signos de crecimiento en todas partes, no solo en Estados Unidos, sino en todas partes! Lo que es, por un lado, un signo de bendición, nos sentimos bendecidos por eso. Durante los últimos años, cada vez más católicos se han dado cuenta de la crisis de la Iglesia, y poco a poco están tomando conciencia también de sus causas. Éste es un punto muy interesante para nosotros, y tenemos que seguirlo. Tenemos que ayudarlos. Pero al mismo tiempo no podemos ir a todas partes. Necesitamos cuidar a nuestros sacerdotes. Tenemos vocaciones, pero nuestros sacerdotes necesitan tiempo para establecerse, necesitan tiempo para compartir la vida de comunidad, que es una parte muy importante de nuestros estatutos y nuestros deberes. Por lo tanto, haremos todo lo posible para ir adonde nos llama la Providencia, pero al mismo tiempo, y antes que nada, no podemos olvidar que tenemos que cuidar a nuestros sacerdotes.

P: Como ex rector de un seminario, ¿puede hablarnos sobre la importancia de los seminarios y las vocaciones, especialmente en el mundo moderno?

DP: Nuestros seminarios son el corazón de la Fraternidad [San Pío X]. La Fraternidad está asentada sobre sus seminarios, y existe gracias a sus seminarios. La Iglesia tampoco necesita otra cosa más que santos sacerdotes. Por lo tanto, es imposible encontrar una mejor manera de servir a la Iglesia. A través de nuestros seminarios, estamos cooperando con el objetivo de la Iglesia universal. Esa fue la gran intuición del Concilio de Trento, la gran intuición de Monseñor Lefebvre. Y creo que mientras más se derrumba, se pierde, este gran ideal del sacerdocio, más importante es nuestra fidelidad a esta tarea, que también es nuestra misión.

P: En su opinión, ¿cuáles son las principales preocupaciones de las familias católicas tradicionales en la actualidad?

DP : La principal preocupación de las familias católicas de hoy es la misma que tenemos nosotros como sacerdotes: el alma de sus hijos. El mundo está haciendo todo lo posible para engañarlos. A todos los padres les preocupa eso, y a nosotros también nos preocupa. Creo que tenemos que enseñar a los niños junto con los padres. Y los padres tienen que enseñar a sus hijos junto con los sacerdotes. Enseñarles todas las virtudes que los niños no pueden aprender en otros lugares: abnegación, pureza, castidad, caridad. Pero esto sólo funcionará si en las familias, en el hogar, en la parroquia, no sólo reciben la enseñanza sino que perciben que sus padres y los sacerdotes viven lo que predican. Funciona por ósmosis: si los padres realmente tienen este gran ideal de formar y preparar santos, con la gracia de Dios, funcionará. Pero sólo si en el hogar los niños descubren en sus padres el espíritu de sacrificio, que es el perfume de la cruz.

P: ¿Puede comentarnos algo sobre las noticias relacionadas con la Comisión Pontificia Ecclesia Dei?

DP: Sí; creo que, por ahora, no podemos decir mucho. No sería prudente. Pero creo que lo que es interesante en el último Motu Proprio con respecto a Ecclesia Dei... destacó que la principal cuestión que aún está ahí, en suspenso, como cuestión pendiente, es doctrinal. Y es verdad. Y este tema doctrinal, este asunto doctrinal, es un asunto relacionado con la Fraternidad San Pío X. Creo que en este sentido, en esta perspectiva, las cosas se están volviendo más claras para nosotros, para ellos y para todos. Pero creo que no nos corresponde a nosotros prever cuál será el futuro de las diferentes comunidades Ecclesia Dei. Rezamos por ellas. Si podemos ayudarlas, estamos aquí. Pero creo que lo más prudente es no decir nada más sobre el futuro. Veremos. Observaremos. Y dejaremos la última palabra a la Divina Providencia como de costumbre.

P: A veces, el mundo y la Iglesia parecen estar locos. ¿Podría decir algunas palabras de esperanza y aliento para los católicos tradicionales de hoy?

DP: El principal peligro hoy para nuestros fieles, e incluso para los sacerdotes, es caer en el desaliento. Creo que es el momento de recordarnos, y recordarles, que cuanto más se tiene la impresión de que la situación es desesperada, más se acerca el momento de la victoria. San Pío X solía decir esto para animar a la gente. Y la densidad, la presente densidad de la oscuridad sirve para dar resplandor a la verdad cuando llegue el momento del triunfo de la verdad. Es importante para nosotros mantener esta visión sobrenatural. Lo que sea que ocurra hoy será usado por Dios para mostrar un triunfo más profundo, más grande, más brillante, más sobrenatural de su Iglesia y de la Verdad.

P: Además del apoyo monetario y a través de las oraciones, ¿cuál considera que es la mejor manera en que los fieles laicos pueden ayudar a los sacerdotes en su labor?

DP: Sí; la Iglesia es una familia, una gran familia, y la Fraternidad [San Pío X] como una obra de la Iglesia es también una familia, una gran familia. Y en una familia se comparte todo. La mejor manera en que los fieles pueden compartir todo con el sacerdote, es dándoles su apoyo moral, compartir sus alegrías y sus preocupaciones, porque las alegrías y preocupaciones del sacerdote son las alegrías y preocupaciones de Nuestro Señor. Esta cercanía es la mejor manera de ejecutar este gran ideal de unión entre fieles y sacerdotes.

P: ¿Qué impresión tiene del Distrito de Estados Unidos hasta ahora?

DP: Estados Unidos es uno de estos países donde, tan pronto como uno llega, se siente como en casa. Lo que más me impresiona es el número de fieles, pero aún más su sencillez y su generosidad. Y encuentro la misma simplicidad y la misma generosidad en los sacerdotes aquí en los Estados Unidos. Creo que lo que los fieles muestran es el reflejo de lo que los sacerdotes les están enseñando.

P: Ha pasado muchos años en diferentes países y misiones. ¿Tiene alguna historia favorita sobre su labor apostólica?

DP: Sí, lo que más me ha impresionado, en general, durante mi sacerdocio, todos los años de mi sacerdocio, es el hecho de que habiendo trabajado en diferentes países, en situaciones muy diferentes, entre Asia, América del Sur, Italia, en las misiones, o como Superior de Distrito, rector de seminario... en cada situación diferente, la gracia de Dios está trabajando siempre y en todas partes según algunas reglas, que son universales. Por supuesto eso ya lo sabemos, no le estoy contando nada nuevo. Pero cuando se experimenta personalmente, impresiona mucho. Esta es la prueba de que el Evangelio, la ley del Evangelio, los sacramentos, la Iglesia son para todos, y no hay otra cosa que pueda unir así a personas que son tan diferentes entre sí. Esto es realmente increíble. No tiene una explicación natural. La obra de Dios, la gracia de Dios, está detrás.

Sí, lo he experimentado varias veces a nivel personal... Ante una situación difícil, donde me preocupo por encontrar una solución, lucho por encontrar una solución, que no llega, la solución aparece cuando dejo de preocuparme y confío todo a la Voluntad de Dios. No siempre es fácil hacer eso, pero lo he experimentado varias veces. Es la ley de la Cruz, y diría la ley de la plena confianza en Dios.