Seminario Nuestra Señora Corredentora
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Santos y Teólogos sobre el Papa

«Oremos por nuestro Pontífice Francisco, para que Dios lo conserve, lo vivifique, lo haga feliz en la tierra, y no lo deje caer en manos de sus enemigos».

Nunca enseñó la Iglesia que el Sumo Pontífice fuera omnisapien­te o impecable, y sólo es infalible cuando se dan las circunstancias aclaradas por el Concilio Vaticano I. En efecto, papas que cometieron errores en materia de fe y de moral hubo en la historia, aunque en número muy reducido y en casos excepcionales, que se hizo sentimiento entre los fieles que, en el fondo, en estos asuntos el Papa era siempre infalible.

Pero la opinión de doctores de la Iglesia, de santos y de teólogos universalmente acreditados durante siglos autoriza y recomienda la resistencia al Papa en algunos casos. Creemos que el «espíritu de obediencia» nos obliga a recurrir a ellos cuando se tratan estos temas tan espinosos y difíciles.

Ejemplos de Santos que resistieron al Papa.

San Bruno, obispo de Segni, se opuso al Papa Pascual II, que había cedido ante el emperador Enrique V en la cuestión de las investiduras:                                                                                                    

Os estimo –le escribía– como a mi Padre y señor [...] Debo amaros; pero debo amar más aún a Aquél que os creó a Vos y a mí [...] Yo no alabo el pacto [firmado por el Papa] tan horrendo y violento, hecho con tanta traición, y tan contrario a toda piedad y religión.

En el sínodo provincial de 1112, con la asistencia y aprobación de San Hugo de Grenoble y San Godofredo de Amiens, se envió al mismo papa Pascual II una carta en la que se leía:                                                                                                    

Si, como absolutamente no lo creemos, escogierais otra vía, y os negarais a confirmar las decisiones de nuestra paternidad, válganos Dios, pues así nos estaréis apartando de vuestra obediencia.

San Norberto de Magdeburgo, fundador de los monjes canónigos premostratenses, ante el peligro que el Papa Inocencio II cediera ante el emperador Lotario III en el tema de las investiduras, le decía:                                                                                                    

Padre ¿qué vais a hacer? ¿A quién entregáis las ovejas que Dios os ha confiado, con riesgo de verlas devorar? Vos habéis recibido una Iglesia libre, ¿vais a reducirla a la esclavitud? La Sede de Pedro exige la conducta de Pedro. He prometido, por Cristo, la obediencia a Pedro y a Vos. Pero si dais derecho a esta petición, yo os hago oposición a la faz de toda la Iglesia.

Vitoria, el gran teólogo dominico del siglo XVI, escribe:                                                                                                    

Si el Papa, con sus órdenes y sus actos, destruye la Iglesia, se le puede resistir e impedir la ejecución de sus mandatos.

Suárez afirma:                                                                                                    

Si [el Papa] dictara una orden contraria a las buenas costumbres, no se le ha de obedecer; si intentara hacer algo manifiestamente opuesto a la justicia y al bien común, será licito resistirle; si atacara por la fuerza, por la fuerza podrá ser repelido.

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, enseña:                                                                                                    

Ha­biendo peligro próximo para la fe, los prelados deben ser argüidos por los súbditos, incluso públicamente. Así, San Pablo, que era súbdito de San Pe­dro, le arguyó públicamente.

San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, sostiene:                                                                                                    

Así como es lícito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, también es lícito resistir al que agrede las almas, o perturba el orden civil, sobre todo si tratase de destruir a la Iglesia. Es lícito resistirlo no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad.

En vida del mismo Santo, que fue consultor del Papa y gran defensor de la supremacía pontificia, la República de Venecia tuvo problemas con la Santa Sede. Se reunieron entonces los teólogos de dicha República y emitieron varias proposiciones, que fueron sometidas al examen del gran teólogo cardenal Belarmino, a quien Pío XI declaró Doctor de la Iglesia. He aquí la respuesta del Santo:                                                                                                    

A la proposición 10: 'La obediencia al Papa no es absoluta: no se extiende a los actos en que sería pecado obedecerle', repuso: 'No hay nada que decir contra la 10ª proposición, pues está expresamente en la Sagrada Escritura'. 

A la proposición 15: 'Cuando el Soberano Pontífice fulmina una sentencia de excomunión que es injusta o nula, no se la debe recibir, sin apartarse, empero, del respeto debido a la Santa Sede', replicó: 'Los teólogos de Venecia no tenían por qué cansarse en probar la 15ª proposición, pues nadie la niega'.

Conclusión

De lo visto más arriba se concluye que, en el caso de que algún Papa manifestara doctrinas contrarias al Magisterio de la Iglesia, el cristiano que las resistiera no sería en forma alguna un rebelde o desobediente, sino un hijo fiel del Papa y de la Iglesia. Porque el Papa, en cierta forma, siempre es el mismo, desde San Pedro hasta la consumación de los siglos; y su doctrina es la del Príncipe de los Apóstoles:                                                                                                    

Pues no fue prometido a los Sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles o depósito de fe, Concilio Vaticano I